
El universo vocabular son los códigos, los lenguajes, las ideologías, los valores, etc., compartidos por una cultura a través de los cuales los sujetos ven e interpretan el mundo.
Aquí es posible retomar los planteos de Rodolfo Kusch en “Introducción a América”, en tanto pueden ser ejemplificadores y clarificadores de las prácticas de los sectores populares en paralelo al caso aquí analizado. Para Kusch los sectores populares exacerban sus emociones, sus sentimientos, su personalidad, sus prácticas, etc., como una forma de reforzar su posición en contraposición a la intervención de otros sujetos en sus espacios. Así estos suelen adoptar prácticas violentas que responden específicamente a una interpelación que reconocen como una invasión de su mundo cultural.
Este hecho tiene su correlato en la escuela y el caso analizado. La respuesta de los chicos, en un principio, fue la de definirse en oposición a nosotros como sujetos que invadían sus espacios, a partir de lo cual se establecieron relaciones sumamente contradictorias de amor/odio en el que se pasaba a uno y otro extremo con gran rapidez. Esto constituye parte de sus prácticas sociales y por tanto se configura en un aspecto importante de su universo vocabular, porque caracteriza la forma de relacionarse con el otro en esa contradicción de confianza-desconfianza.
Al mismo tiempo se observa una actitud también contradictoria de confrontación, por un lado, en tanto disputan la “autoridad” a quienes intervenimos, pero, por otro lado, también reconocen esa situación y la legitiman, perpetuándola. Es decir, que se genera una contradicción en tanto se produce una relación en la que los chicos exacerban su situación, como manera de oponerse a esa forma de relacionarse, lo que conlleva a reproducir y fortalecer aún más esa situación contra la que chocan. Ahora bien, ese conflicto no implica un deseo de romper con ese tipo de reciprocidad, sino más bien expresa un anhelo por la posición de su interlocutor.
Estas conclusiones parten de un análisis de las prácticas de campo que se realizaron con antelación al planteamiento de esta propuesta de trabajo. En esos encuentros trabajamos con los chicos buscando que ellos fueran quienes se describieran a sí mismos para también reconocerlos y conocer sus preferencias, gustos, lenguajes, códigos y lecturas del mundo.
Otro de los rasgos importantes surgió dentro de una práctica planteada desde nosotros, que consistía en formar dos grupos que debían describirse unos a otros, y tratar de adivinar de quién se trataba. Ahora, durante el juego se dio que los grupos se dividieron así mismos entre las mujeres y los varones. Esto marca un rasgo vocabular importante ya que se da una diferenciación respecto del género, hecho que tuvo su correlato en la siguiente práctica. Ella consistía en realizar un collage que mostrara los gustos, materiales o no, de cada uno. Todos los trabajos realizados por las niñas coincidieron en resaltar la femineidad, la belleza, etc. En cambio los varones resaltaron “signos de masculinidad” tales como el fútbol, la mujer como objeto sexual y los autos.
Aquí es posible retomar los planteos de Rodolfo Kusch en “Introducción a América”, en tanto pueden ser ejemplificadores y clarificadores de las prácticas de los sectores populares en paralelo al caso aquí analizado. Para Kusch los sectores populares exacerban sus emociones, sus sentimientos, su personalidad, sus prácticas, etc., como una forma de reforzar su posición en contraposición a la intervención de otros sujetos en sus espacios. Así estos suelen adoptar prácticas violentas que responden específicamente a una interpelación que reconocen como una invasión de su mundo cultural.
Este hecho tiene su correlato en la escuela y el caso analizado. La respuesta de los chicos, en un principio, fue la de definirse en oposición a nosotros como sujetos que invadían sus espacios, a partir de lo cual se establecieron relaciones sumamente contradictorias de amor/odio en el que se pasaba a uno y otro extremo con gran rapidez. Esto constituye parte de sus prácticas sociales y por tanto se configura en un aspecto importante de su universo vocabular, porque caracteriza la forma de relacionarse con el otro en esa contradicción de confianza-desconfianza.
Al mismo tiempo se observa una actitud también contradictoria de confrontación, por un lado, en tanto disputan la “autoridad” a quienes intervenimos, pero, por otro lado, también reconocen esa situación y la legitiman, perpetuándola. Es decir, que se genera una contradicción en tanto se produce una relación en la que los chicos exacerban su situación, como manera de oponerse a esa forma de relacionarse, lo que conlleva a reproducir y fortalecer aún más esa situación contra la que chocan. Ahora bien, ese conflicto no implica un deseo de romper con ese tipo de reciprocidad, sino más bien expresa un anhelo por la posición de su interlocutor.
Estas conclusiones parten de un análisis de las prácticas de campo que se realizaron con antelación al planteamiento de esta propuesta de trabajo. En esos encuentros trabajamos con los chicos buscando que ellos fueran quienes se describieran a sí mismos para también reconocerlos y conocer sus preferencias, gustos, lenguajes, códigos y lecturas del mundo.
Otro de los rasgos importantes surgió dentro de una práctica planteada desde nosotros, que consistía en formar dos grupos que debían describirse unos a otros, y tratar de adivinar de quién se trataba. Ahora, durante el juego se dio que los grupos se dividieron así mismos entre las mujeres y los varones. Esto marca un rasgo vocabular importante ya que se da una diferenciación respecto del género, hecho que tuvo su correlato en la siguiente práctica. Ella consistía en realizar un collage que mostrara los gustos, materiales o no, de cada uno. Todos los trabajos realizados por las niñas coincidieron en resaltar la femineidad, la belleza, etc. En cambio los varones resaltaron “signos de masculinidad” tales como el fútbol, la mujer como objeto sexual y los autos.
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